Muchos hemos acudido a las salas para ver la película más publicitada de todos los tiempos. La emoción nos embarga y la ansiedad nos mata cuando sabemos que ya está en cartelera, pero lo malo es que lo único que vemos en los trailers son los mega efectos que tiene el filme, los actores de moda o los mejor pagados del famoso y legendario Hollywood... pero cuando la vemos nos llevamos una gran sorpresa: la historia es mala, los actores no lucen y no logra conmovernos.
Yo caí muchas veces en el bombardeo publicitario y me incliné por el cine comercial. ¿Por qué? simplemente porque eso es lo que nos vende la industria cinematográfica, porque es lo que genera ganancias en taquilla, porque no sentimos curiosidad, porque no nos informamos, porque no nos atrevemos a mirar algo diferente y porque no creemos que nos podamos sorprender. Afortunadamente para mí esa idea cambió cuando me tocó organizar en la facultad una muestra itinerante de cortometrajes; ahí descubrí que en 1 minuto la historia nos puede atrapar, que la técnica ha mejorado y, sobre todo, que en México sí hay talento.
En el cine encontré lo que ningún otro medio podía darme: una gran satisfacción. Gracias a un ímpetu loco y aventurero logré penetrar en esos filmes que son valorados en todo el mundo por sus aportaciones, por la irreverencia, por la temática, por la búsqueda intensa y la pasión de los cineastas.
Algo que he aprendido es que una película puede resultarnos insignificante, pero siempre habrá algo bueno que rescatar: una cita, una mirada, una escena, una secuencia, la música, la fotografía, los pequeños detalles... eso no lo duden. Ahora bien, no todo el cine comercial es malo. Hay gente que sí sabe usar los recursos que le designan para contar su historia, conocen la industria y nos entregan un trabajo difícil de cuestionar.
Ver cine es como leer: primero empezamos por los que tienen poquitas páginas y con el paso del tiempo logramos leer aquéllos que tienen más de 500; lo mismo pasa con el cine, tenemos que ver muchas películas para poder apreciar las que realmente valen la pena. La mirada sólo se educará viendo cine, no hay otra manera. Si ven el mayor número de títulos de un solo director (como Woody Allen, Ingmar Bergman, Alfred Hitchcock, etc.) podrán distinguir claramente su trabajo del de los demás directores, sin necesidad de ver los créditos sabrán de quién es esa película y tendrán más información sobre el desarrollo de los creadores.
También pueden seguir la trayectoria de los actores/actrices, pues además de observar el desempeño y la evolución que tienen en su interpretación, podrán ver el trabajo de un gran número de cineastas. A mí me ha servido mucho hacer esto, ahora no siento temor de ir a una sala porque estoy segura de que veré un buen trabajo y saldré con una emoción más grande, con algo más que sólo un buen sabor de boca; corro los riesgos al final si lo que veo no me gusta, pero es parte del aprendizaje.
Ir al cine es toda una odisea para muchos de nosotros, así que no duden y hagan valer lo que pagan por su boleto, tengan la certeza de que saldrán realmente satisfechos con lo que vieron o sencillamente felices de haber disfrutado una buena historia. Ustedes deciden qué quieren ver, qué esperan, qué les emociona y les inspira mejor que yo; pero acá les dejo unos datos que igual les puede ser de utilidad al momento de ir a ver una película, comprarla o rentarla.
1. Vean quién es el director (a)
2.Quiénes actúan
3.De qué se trata la historia
4.Si es un guión original o está adaptado
5.Lean la ficha técnica
6.Vean si ha ganado premios o estuvo nominada en festivales
7.Lean la sinopsis o críticas sobre la misma y si son curiosos investiguen más acerca de la película en cuestión
Eso a mí me ha ayudado a elegir los filmes que he comprado, que he visto y que me han atrapado profundamente.
Un crítico llamado Horacio Quiroga escribió alguna vez: "Hay que ver mucho malo para poder apreciar lo bueno".
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